Shhhhhhhhh..!!
 

Allegro

Cuando el poder de mi padre sobre mí aun me generaba inseguridad, recuerdo que él abría los ojos y me decía de manera cortante: Shhhh..!!, buscando a toda costa acallar mi feroz respuesta a algún tema candente que estuviera sobre la mesa.
En ese momento mis sentidos se agudizaban y, como avivado por el miedo y la soberbia propios de un joven intransigente e ignorante, brotaba de mi boca un incendio de palabrotas acompañado de llamaradas que me salían por los ojos.

Tal vez fue por eso que se me escapó más de una risa infantil cuando, entre un movimiento y otro de los conciertos del Primer Festival Internacional de Música de Cartagena, veía a los maestros que se atribuían el poder del Shhhhh..!! ejercer su función con vehemencia al final de cada movimiento. Con ello pretendían hacernos creer que poseían el misterioso don del silencio, cuando lo que hacían era precisamente lo contrario de lo que aparentemente buscaban: perturbar la paz, el éxtasis y todas esas emociones que brotan en cualquier ser sensible, luego de salir del trance natural que causa la majestuosa interpretación de un movimiento de una obra maravillosa

Andante

En una situación de esas es apenas humano desbordarse en emociones y ¿por qué no? en aplausos. Si es que cuando uno asiste a un concierto de jazz y un solista termina un solo magistral, lo natural es que el público aplauda mientras la banda sigue con su interpretación. Entonces ¿por qué pretender acallar la espontaneidad de un público como el nuestro? Recordemos que, de este lado del charco, no somos europeos: somos caribes cálidos y emotivos.

Scherzo

Reconozco que durante un concierto no aplaudo entre un movimiento y otro por mi formación musical que, con programa en mano (léase ”machete en mano”), me da la pista de cuándo termina la obra para luego aplaudir, pero es simple protocolo porque en más de una ocasión la emoción me empuja a aplaudir en el momento ”equivocado”.
Guiado por esa curiosidad de hijo malcriado, me adentré en las neuronas electrónicas de mi computadora para invocar el oráculo de Wikipedia, y me encontré con esta explicación que hasta me hizo reír:

“En un concierto público lo convencional es aplaudir al final de la obra completa, no entre los movimientos. Sin embargo, debe considerarse que durante el clasicismo fue lugar común aplaudir después de cada movimiento. De hecho, a veces el aplauso era tan intenso y fervoroso que los directores simplemente repetían el movimiento otra vez.”

Berracatto

¿Y entonces? ¿A qué jugamos? ¿Quién dijo que era pecado aplaudir entre un movimiento y otro como para que unos pocos se tomen el atrevimiento de irrumpir con sus antipáticos Shhhhh..!! en medio de tan sagrado momento?
En este momento podría referirme a que nuestra libertad termina donde comienza la de los demás, a que debemos cultivar el mutuo respeto, explayarme en lecciones de convivencia, etc., etc., etc., pero para serles franco lo único que se me ocurre es pedirle a los poseedores del preciado don del Shhhhh..!! que nos ayuden con su poderosa fuerza para educarnos mejor en las aulas, y que por favor no nos regañen el espíritu que es lo poco propio que nos queda.

Coda

Padre, perdona que siga siendo tan terco como siempre. Fine

Henrry Char
Compositor, arreglista y productor musical / Ingeniero Civil, MSCE
estudiocaribe@gmail.com


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