Vivir en Presente
 



Un diagnóstico; cáncer, leucemia, sarcoma, tumor...una puerta a una realidad antes inimaginada, una realidad paralela a la que saltamos sin decisión consciente y de cierta manera protegidos solamente por nuestra fortaleza interior, y desembocamos en una vía rápida en la que aprendemos del amor, el dolor, la esperanza, la soledad, el adiós, la alegría.
Una puerta a la vida hecha de batallas y triunfos, cuyos recursos son la paciencia, la perseverancia, la fe, la ternura, la solidaridad y sus trofeos; momentos, la sonrisa inocente de un niño, un abrazo, compartir una tarde en familia, ver a los hermanos jugar juntos después de meses de separación, o simplemente volver a comer, caminar o dormir, a ir al colegio, volver al principio a lo básico, como antes, pero no igual, agradeciendo a Dios por ese instante, por la oportunidad de vivir, de sentir su respiración, de velar su sueño sin sobresaltos. Nada será como antes, de hecho será una vida en presente, el futuro es una oración humilde encapsulada en las lágrimas de una mamá o un papá, una oración susurrada por los niños que dice abre tu corazón, ayúdame a vivir.
Adalberto tiene 13 años, le gusta el regaetón y una vez por semana va a quimioterapia.
Gustavito, 11 años, con una sonrisa franca, con la inteligencia de los niños de Maria la baja, con un porqué me pasa esto? se despidió de su mamá en julio pasado. A Juersen le gusta dibujar, siempre hay un sol en sus dibujos y en su vida siempre esta su papá. Estefani, 4 años, Juan Sebastián, Haider, Jefferson, Julio Cesar, Dana, Adrian, Diana, Nelson, María José, Andrés, por nombrar solo algunos, son 110 niños que reciben el apoyo de la fundación AYUDAME A VIVIR de maneras tan diversas; en lo económico, como el pago del transporte del niño y su acompañante para poder asistir con la frecuencia que se necesite a su tratamiento, asesoría administrativa, para acceder a los servicios de salud del POS, orientación psicológica o acompañamiento social que le permita a los niños y a sus familias tener la calidad de vida que haga posible enfrentar cada día de tratamiento y salir exitosos, en cerca del 70% de los casos.
Los que trabajamos voluntariamente por los niños enfermos con cáncer agradecemos a Dios la oportunidad de decirle a cada uno de los niños que su vida es importante, a sus familias, que no están solos, que su dolor y sus temores son los nuestros y que además del apoyo económico les ofrecemos nuestra amistad sincera. Es imposible conocerlos y seguir nuestras vidas igual, indiferentes a su lucha por vivir y al valor y amor incondicional de las familias de los pacientes. Como no escuchar nuestro corazón, que inmediatamente se identifica con el de cualquier mamá o papá que quiere ver a su hijo sano, si nos atrevemos a acercarnos suficientemente, si cortamos la distancia nos reconoceremos en sus ojos. Escucha tu corazón, déjate guiar y voluntariamente extiende una mano a los niños enfermos de cáncer, recibirás mucho más de lo que des, el sentido y la consciencia de que somos uno, como diría Richard Bach. Gracias al amor el espacio entre unos y otros se llena en un abrazo y aunque todos estemos de paso por la vida, por Colombia o por Cartagena, nuestras acciones presentes SÍ hacen diferencia; realmente pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte de un niño que no puede transportarse desde su pueblo a la ciudad por no tener la plata para el transporte o recibir un diagnóstico y tratamiento a tiempo. A veces se convierte en la sangre, en las plaquetas, en las defensas, conteo de laboratorio que es el pan de cada día de los niños en quimioterapia, o de pronto representa la realización de un sueño, un balón de futbol, ir al estadio, a un parque, a cine, o tener un celular que le permita mantenerse en contacto desde el hospital con parte de la familia que dejan atrás. No los dejemos solos.


 


 
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